Llegué a la medicina biológica luego de cerrar la puerta del consultorio de un otorrinolaringólogo vencido, cuyas últimas palabras dirigidas a mi fueron: “No sé qué hacer con usted”.
Salí desconsolada de ese lugar; con una disfonía severa y dolorosa que me dejaba un sabor a sangre en la boca; un dolor de cabeza insoportable que aplastaba las cuencas de mis ojos; un río caudaloso de secreción nasal que limitaba mi capacidad de razonar y respirar; sin un diagnóstico claro y mucho menos sin remedio. Era viernes… Triste viernes… Desesperante viernes…
Lo que más ansiaba era sentirme bien y no estar más incapacitada porque llevaba un año completo de estar cada mes entre laringofaringitis, bronquitis y faringitis recurrentes, que me mandaron a la cama completamente derrotada en no pocas oportunidades.
Decidí entonces llamar a una doctora muy querida para quien trabajaba en ese momento y quien me había dicho: “Hay otras opciones…” Y sí que las hay… Gracias a Dios y a esta hermosa doctora especializada en medicina biológica opté por otro camino en él que encontré respuestas.
“Vente inmediatamente para acá. Te haré una terapia de choque”, me dijo la doctora quien me escuchaba desesperada por el teléfono tratando de hacerme entender en medio de mi disfonía agobiante… No tuve que decirle mucho… Ella lo entendió todo con mi tono completamente distorsionado.
Llegué a su consulta con lágrimas en los ojos, pero muy pronto ese llanto cesó para convertirse en paz; en tranquilidad y sosiego. De entrada, con la amabilidad de todo el personal y de la doctora uno tiene ganada buena parte del alivio. Es como si uno llegara a un oasis en medio de un desierto o abrazara el aire de la libertad después del encierro.
Me preguntó todo sobre mi historia en materia de salud y luego de mucho insistirle en mi desesperación por la congestión nasal y mi ronquera, me dio respuestas claras, certeras, reales:
“Tenemos que atacar los toxinas que están afectando tu organismo y causándote tantos cuadros recurrentes de enfermedad. Para eso es necesario fortalecer tu sistema inmunológico que es el debilitado por dichas toxinas”.
Me pareció completamente razonable y verosímil lo que me dijo.
“Lo primero que vamos a tratar es tu disfonía. Vamos a hacer que tu voz retorne… De aquí a lunes ya estarás bien”, sentenció y así fue.
Otra parte importante sobre la que me habló fue la dieta, ya que –como me explicó- algunos alimentos propician el proceso inflamatorio de las mucosas con lo cual sobrevienen los síntomas de las alergias y las obstrucciones respiratorias.
Así que eliminó de mi dieta los alimentos que contuvieran gluten, los lácteos y el trigo. ¡Fue muy difícil para mí! No me imaginaba un día sin leche de vaca deslactosada, eso sí, sin pan o arepas y sin pastas.Pero lo intenté y lo logré.
Sustituí la leche de vaca por la de soya, aunque no por mucho tiempo, debo confesarlo. Fui a las tiendas naturistas y supermercados de alimentos especiales para buscar opciones de panadería sin gluten ¡y las conseguí! Igualmente, empecé a consumir pastas hechas a base de arroz.
Ese día de la consulta la doctora me aplicó sueroterapia y me hizo nebulizaciones con medicamentos biológicos muy efectivos. Luego, me dio instrucciones precisas para tomar cuatros medicamentos cada 2 horas durante 24 horas.
También debía tomar, durante todo el día, una botella de agua con un medicamento antihomotóxico que mejoraría mi voz. Les recuerdo, era viernes. Para el lunes me sentía altamente restablecida.
¡Fue sorprendente! Pero lo más importante era mantenerme, estabilizar mi sistema inmune y por ende mi organismo y mantenerme bien por lo menos por seis meses, cosa que no había logrado durante el último año a punta de antibióticos, antihistamínicos, descongestionantes, antiinflamatorios y analgésicos convencionales.
Durante la siguiente semana la doctora me practicó varias sesiones de sueroterapia y nebulizaciones que acabaron por recuperarme muy rápidamente.
El tratamiento duró en total dos meses.
Volver a escuchar mi voz original como hacía tiempo no la oía fue lo más sorprendente.
Me pasaron cosas benéficas colaterales a la mejoría, como bajar de peso, vivir varios días seguidos sin rinitis y sin la sensación de piquilla que se mantenía en mí durante todo el día y que terminaba por desesperarme hasta alterar mi ritmo cardiaco.
Empecé a vivir una vida más tranquila; libre de los síntomas diarios que ya se habían convertido es el estado normal de mi cuerpo… ¡Se imaginan!
He acudido a los controles y me siento muy bien. Por fin logré pasar seis meses sin padecer una infección respiratoria o un problema inflamatorio. La rinitis y la piquilla sí retornaron, pero en menor proporción. Considero que mi caso es de los que requieren una intervención mucho más agresiva… Qué le vamos a hacer… Ya estoy en tratamiento con la alergóloga biológica y voy mucho mejor.
Un resfriado menor volvió hace poco, pero fue completamente manejable. No implicó antibióticos, ni urgencias, ni incapacidad.
En realidad debía continuar mi tratamiento con la medicina biológica, pero la verdad, los medicamentos son costosos para mi presupuesto. Es la única desventaja que le veo, por lo que siempre pienso que en pro de la salud de los colombianos tan afectada por la agresividad del ambiente al que nos enfrentamos en la actualidad, estos tratamientos ya deberían estar contemplados dentro del Plan Obligatorio de Salud (POS).
Gracias a Dios tengo la posibilidad de acceder a algunos medicamos cuando los necesite. Definitivamente mi vida es otra después del tratamiento con medicina biológica.
Ana Luz Castillo Barrios
¡Gracias infinitas, doctora Gilma!
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