Una de las afecciones visuales más comunes en el mundo es la resequedad en los ojos o “síndrome de ojo seco”; se presenta como consecuencia de la escasez o falta de lágrimas dentro de la cavidad visual.
Su principal síntoma es el ojo rojo o irritado. Según algunos estudios, en Colombia el 40 % de la población lo padece y en Estados Unidos se estima que más de 5 millones de personas sufren de esta enfermedad.
¿Qué causa el ojo seco?
Existen factores internos y externos que hacen que las lágrimas no se produzcan en la cantidad necesaria o no se mantengan dentro de la cavidad visual para cumplir su función de humectación de la zona. La edad, la alimentación, el lugar de vivienda o de trabajo, el tipo de actividad que se realice durante el día contribuyen a aumentar el riesgo de padecer de esta afección.
Entre las causas más comunes están:
• El uso de lentes de contacto.
• Vivir o trabajar en zonas con altos grados de contaminación, humo o partículas volátiles (arena, tierra, harina, entre otras).
• La edad. Se ha comprobado que a medida que envejecemos producimos menos lágrimas.
• Estar mucho tiempo frente al computador o a televisores.
• Permanecer en lugares con aire seco.
• Algunos medicamentos que se toman para otras enfermedades inhiben la secreción de lágrimas y saliva. Por ejemplo, los antidepresivos, antipsicóticos, antihistamínicos, anticolinérgicos, antihipertensivos, diuréticos, etc.
¿Qué pasa en un ojo seco?
El humectante de los ojos son las lágrimas, que se forma por tres fracciones diferentes que se producen en glándulas distintas:
• Las glándulas lagrimales segregan la fracción acuosa, que constituye el 99% del total de la lágrima.
• La conjuntiva, que tapiza lo blanco del ojo y la pared posterior de los párpados, está compuesta por células calciformes (provenientes de las glándulas secretoras de moco) que producen mucina (lubricante); ésta conforma el 0,5% del total de la composición lacrimal.
• Los párpados tienen en su espesor las glándulas de Meibomio (que cuando se enferman producen los orzuelos). La lágrima grasa, se pone como una fina película sobre la acuosa, formando la parte más externa.
Cuando algo falla en estas partes se provocan el efecto de no humectación. Por ejemplo, la córnea se vuelve hidrofóbica, o sea que rechaza la lágrima. El efecto es igual al del aceite en el agua.
Otro tipo de esta enfermedad es cuando el ojo tiene un párpado con deformidades o parálisis, y en consecuencia las lágrimas no se vierten adecuadamente sobre la superficie ocular.
Molestos síntomas:
• Enrojecimiento o sensación de arena o polvo dentro de la cavidad visual.
• Escasez notoria de lágrimas.
• Heridas o erosiones en la córnea que se perciben por la sensación de cuerpo extraño al parpadear con disminución de la visión.
• Exceso de lágrimas (derrame al bostezar, reír, parpadear).
• Molestia al usar lentes de contacto.
• Fastidio por lugares con mucha luz o nubosidad extrema.
¿Cómo tratar el ojo seco?
En la vida diaria hay tareas que se pueden hacer para mejorar el ojo seco.
• Evitar el viento y las corrientes de aire de ventiladores y aire acondicionado.
• Protegerse con gafas.
• Evitar los ambientes secos.
• Hacer ejercicios de parpadeo, es decir, parpadear frecuentemente y no tener los ojos muy abiertos.
• Evitar las irritaciones que se pueden presentar por falta de sueño, viento con partículas, humo de cigarrillo o piscinas con cloro.
¿Qué hacer de manera natural?
Alimentarse bien: los estudios han demostrado que una buena alimentación ayuda a prevenir y mejorar las enfermedades. En el caso de la salud visual, la alimentación influye desde la infancia, así lo explica el libro “Cocina para tus ojos” del oftalmólogo Javier Mendicute y la nutricionista Marisa Fernández.
En este libro los especialistas recomiendan:
• Reducir las grasas.
• Aumentar el consumo de carbohidratos.
• Incluir en la dieta alimentos ricos en vitamina A, presente en las frutas rojas, naranjas, amarillas, vegetales de hoja verde, zanahorias, tomate, yema de huevo, hígado y lácteos.
• Incrementar la ingestión de zinc y los folatos, incluidos en cereales, legumbres y espinacas.
• Asegurar la vitamina B6 y la C, mediante cítricos.
• Ingerir Omega 3; productos como el pescado, el atún y los frutos secos son ricos en estos oligoelementos.
• Consumir zanahoria y espinaca -reinas de la salud visual-. La primera por su aporte en vitamina A, y la segunda por su efecto protector sobre la córnea.
• Beber mucha agua.
Limpieza en los ojos y sanas costumbres visuales
• Hacer limpieza, siempre, del maquillaje. Con esto se evita que residuos entren a la zona interna del ojo.
• Utilizar compresas calientes para proporcionarle relajación a la córnea.
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